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En 1955, mi abuelo, Gonzalo Lorente Faus, abría las puertas de Óptica Gonzalo. Lo que empezó como un pequeño negocio situado en el Passeig de les Germanies de Gandia, se convirtió en su segundo hogar, que con profesionalidad y gran cariño mimó hasta el último día. Durante todo ese tiempo, se fue creando «el cementerio de las gafas olvidadas», un espacio en el sótano de la óptica donde dormía el tesoro de todas aquellas gafas que no encontraban su dueño. Hoy queremos darles una nueva oportunidad a todas esas gafas olvidadas que están listas para encontrar su dueño y ser estrenadas.
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